Tres generaciones unidas por la dehesa, la encina y la paciencia de hacer las cosas bien.
El emblema de Finca Navalalteza no es casual. Las bellotas y las hojas de encina representan a la familia que formamos esta empresa: unidos por una misma raíz. La encina es el árbol que hace posible este producto de tan alta calidad, y la bellota, el fruto que alimenta a nuestros cerdos y da nombre a nuestro ibérico.
Lo que empezó como una tradición familiar en el Valle de los Pedroches es hoy nuestra forma de entender el trabajo: sin prisa, con respeto por el animal y por la tierra, y con la exigencia de llevar a tu mesa solo aquello de lo que nos sentimos orgullosos.
Al norte de la provincia de Córdoba, el Valle de los Pedroches alberga la mayor dehesa de encinar continuo de Europa. Un paisaje único, uno de los mejores lugares del mundo para criar el cerdo ibérico de bellota.
Nuestros cerdos viven en libertad sobre esta tierra. Durante la montanera —de octubre a marzo— se alimentan exclusivamente de bellota y hierba, recorriendo grandes distancias cada día. Ese ejercicio y esa dieta son el secreto de la infiltración de grasa, el aroma y el sabor inconfundibles del bellota 100% ibérico.
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Criamos nuestros cerdos en el mejor sitio del mundo, pero para el secado y la curación nos vamos a Jabugo: allí está la tradición, los primeros secaderos de España y una experiencia que no se improvisa.
En concreto, en Cumbres Mayores, en el secadero de Jamones Chaparro, que continúa en su cuarta generación el saber hacer de sus ancestros. Cada pieza es única y se elabora de forma artesanal, con los métodos tradicionales de siempre. Un jamón de bellota puede pasar más de 3 años y medio curándose antes de estar listo. No hay atajos: la calidad se mide en tiempo.
Cada etapa suma. Este es el camino que recorre nuestro ibérico antes de llegar a tu mesa.
Engorde final en libertad, alimentándose solo de bellota y pastos naturales de la dehesa.
Selección y preparación de cada pieza por manos expertas, respetando su forma tradicional.
Cubrición con sal marina el tiempo justo para conservar y potenciar el sabor.
Reposo en cámara para que la sal se reparta de manera uniforme por toda la pieza.
Maduración en los secaderos de Jabugo al ritmo de las estaciones, sin prisas.
Envejecimiento lento hasta alcanzar el punto óptimo de aroma, textura y untuosidad.
Comprobamos cada pieza una a una. Solo pasa el corte lo que cumple nuestro estándar.
Envío con la garantía de un ibérico de bellota curado de forma tradicional.
Un ibérico de bellota elaborado como siempre se ha hecho: con curado tradicional, piezas únicas y la brida de color que certifica su categoría. Nada queda al azar.
Identifica al bellota 100% ibérico, la máxima categoría del sector.
Cada pieza lleva su código único de trazabilidad desde la dehesa.
Elaboración artesanal, sin prisa, como se ha hecho siempre.
Cumplimiento del Real Decreto que regula la calidad del ibérico en España.
La mejor forma de entender nuestra historia es probándola.
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